Paléfato
| Paléfato | ||
|---|---|---|
|
| ||
| Información personal | ||
| Nacimiento |
Siglo IV a. C. Antigua Atenas o Antiguo Egipto (Egipto) | |
| Fallecimiento | Siglo IV a. C. | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Escritor, mitógrafo, paradoxógrafo | |
Paléfato (griego antiguo: Παλαίφατος, nombre parlante que significa «el que habla de cosas antiguas»[1]) fue el autor de un texto racionalizador sobre la mitología griega, la obra paradoxográfica Historias increíbles (Περὶ ἀπίστων (ἱστοριῶν); Incredibilia), que sobrevive en una edición bizantina con probables alteraciones respecto al original.
El texto conservado se compone de un prólogo y cincuenta y dos capítulos cortos dedicados a interpretar distintos mitos griegos. Los primeros cuarenta y cinco episodios comparten un esquema narrativo fijo: inician con una síntesis de la leyenda tradicional, continúan con una refutación de sus aspectos fantásticos (con fórmulas como «esto es absurdo», «esto no es probable» o «la verdadera versión es la siguiente»), prosiguen con la exposición de los eventos históricos reales que fueron malinterpretados, y finalizan con una frase de cierre invariable del tipo «esto es lo que sucedió y lo demás es mito».[1] Por el contrario, los últimos siete capítulos (del 46 al 52) son meros resúmenes de mitos carentes de interpretación racional, los cuales, debido a sus diferencias de estilo y estructura, son considerados por los especialistas como una adición tardía al corpus original.[1]
La fecha exacta de su vida y la verdadera identidad de Paléfato son objeto de debate, llegando muchos expertos a la conclusión de que podría tratarse de un seudónimo. Los indicios existentes, apoyados por referencias cruzadas en autores de la Antigüedad, apuntan a que fue un gramático activo a finales del siglo IV a. C., posiblemente vinculado al entorno de Aristóteles.[1]
Historias increíbles
[editar]En el prólogo de la obra, Paléfato posiciona su método entre la credulidad absoluta de las masas y el escepticismo radical de quienes niegan cualquier base histórica a los mitos. Propone el argumento de que toda leyenda tiene su génesis en un hecho verídico del pasado, apoyándose en el principio de uniformidad («cualquier cosa que existió en el pasado existe ahora y existirá en el futuro»), un concepto que toma prestado de los filósofos Meliso de Samos y Lamisco de Samos. En consecuencia, detrás de las fantasías mitológicas se esconde una cadena de sucesos lógicos que los «poetas y primeros historiadores» adornaron para asombrar al público. El autor sostiene que su trabajo es fruto de investigaciones personales, viajes y entrevistas con ancianos para descubrir la verdad histórica.
Para desmontar las fábulas, Paléfato justifica las deformaciones de la realidad agrupándolas en tres categorías fundamentales de error: equivocaciones perceptivas, confusiones verbales o errores al narrar un acontecimiento.[1] Un ejemplo característico de su método de racionalización, en este caso por un error de percepción, es su análisis del mito de Calisto:
- «La historia sobre Calisto es que mientras estaba cazando se convirtió en un oso. Lo que yo sostengo es que ella también, durante una cacería, se adentró en una arboleda donde resultó haber un oso y fue devorada. Sus compañeros de caza la vieron entrar en la arboleda, pero no salir; dijeron que la joven se convirtió en un oso». (§14, trad. de Jacob Stern)[nota 1]
Fiel a su estilo, Paléfato expone el prodigio de forma directa y omite cualquier intervención divina; en la fábula clásica, es la diosa Artemisa quien transforma a la joven por quebrantar sus votos. Paléfato casi nunca involucra a los dioses en sus análisis,[nota 2] y cuando aborda el mito de Acteón, sentencia: «Artemisa puede hacer lo que quiera, sin embargo, no es cierto que un hombre se convirtiera en un ciervo o un ciervo en un hombre» (§6, trad. Stern). De este modo, su modelo exegético enlaza con el racionalismo de pioneros como Hecateo o Heródoto, pero difiere del enfoque de Evémero. Mientras que el evemerismo degrada a los dioses afirmando que fueron simples mortales deificados, Paléfato protege la divinidad al excluirla sistemáticamente de sus relatos mundanos, reduciendo la explicación del mito a malentendidos puramente humanos.[1][2]
A lo largo de la obra, el autor aplica diversos recursos interpretativos para esclarecer estas equivocaciones:
- La distorsión verbal u homonimia: Paléfato explica que ciertos términos compartían significado o se interpretaban literalmente de forma equivocada. Por ejemplo, la leyenda de que las yeguas de Diomedes comían carne humana surgió porque el mantenimiento de estos animales arruinó financieramente a su dueño, «devorando» metafóricamente a los hombres.[1] De igual forma, el vocablo griego mēlon se traduce como «oveja» o «manzana», lo que generó la creencia de que Heracles robó unas manzanas doradas de las Hespérides, cuando en realidad sustrajo un valioso rebaño de ovejas a un tal Héspero de Mileto (§18).
- La confusión de nombres propios con monstruos: Cadmo no abatió a un dragón, sino a un rey tebano llamado Draco, que ostentaba colmillos de marfil. Sus soldados huyeron con el botín y lideraron revueltas contra Tebas (§4). Escila no era un monstruo marino, sino una veloz nave pirata adornada con un mascarón de perro que asaltó la tripulación de Ulises (§20). La Hidra de Lerna era en realidad una fortaleza atacada por Heracles, y el supuesto cangrejo gigante (Carcinos) era simplemente un mercenario de Caria que acudió en defensa del fuerte.
- El error de percepción: Eventos cotidianos mal interpretados por testigos. La historia de Atalanta y Milanión convertidos en leones se debe a que la pareja ingresó a una cueva habitada por fieras; al no salir ellos y aparecer luego dos leones, la gente dedujo una metamorfosis mágica.[1]
- Errores narrativos y topográficos: El mítico Caballo de Troya no fue una estatua de madera, sino una depresión geográfica cercana a la muralla de la ciudad donde las tropas argivas se agazaparon para emboscar a los troyanos.[1] Gerión y Cerbero no eran seres tricéfalos, sino originarios de una ciudad inventada por Paléfato llamada Tricarenia, que se traduce como «de tres cabezas» (§24, 39). Belerofonte no combatió a la bestia Quimera, sino que exterminó a un león y una serpiente que merodeaban un volcán en el Monte Quimera en Licia (§28).
- Expresiones figuradas y proverbiales: Acteón no fue triturado por sus sabuesos, sino que despilfarró su fortuna en ellos, popularizando la frase «sus perros se lo comen» (§6). La «transformación en piedra» de Níobe nació al erigirse una estatua de mármol sobre la sepultura de sus hijos (§8). El mito de que Anfión y Zeto edificaron Tebas tocando la lira significa únicamente que entretenían con música a los verdaderos albañiles (§41).
- La exageración de las primeras invenciones: Los pioneros en nuevas técnicas generaban asombro. Los centauros no eran híbridos, sino los primeros jinetes de la historia (§1). Linceo no poseía visión de rayos X, sino que fue el inventor de la minería subterránea y sus lámparas (§9). Las estatuas de Dédalo «caminaban» porque fue el primero en esculpir figuras con las piernas separadas en actitud de marcha (§21). Finalmente, Medea no tenía un caldero rejuvenecedor, sino que introdujo los tintes capilares y los baños de vapor; el rey Pelias, siendo viejo y débil, simplemente falleció asfixiado en la sauna (§43).
Identidad del autor y las entradas de la Suda
[editar]El apelativo Paléfato es extraordinariamente inusual, respaldando la tesis del seudónimo literario. Como adjetivo en la antigua épica indicaba a alguien «de antigua fama», o bien «narrador de viejas historias». Si la obra fue compuesta en Atenas durante el siglo IV a. C., la desmitificación podía conllevar riesgos políticos y sociales; cabe recordar que Anaxágoras sufrió el destierro en el siglo anterior por posturas racionalistas similares.
Los únicos registros biográficos provienen del léxico bizantino de la Suda (pi 69, 70, 71, 72), redactado alrededor del año 1000 d. C., el cual atribuye el nombre a cuatro personajes distintos:
«Paléfato de Atenas»
[editar]Identificado como un mítico poeta épico ateniense. Se le atribuía un linaje legendario: hijo de Acteo y Beo, o bien de Iocles y Metanira, y en otras versiones descendiente directo del dios Hermes. Cronológicamente se le situaba poco después de la poetisa Femonoe, o incluso antes. El poeta Cristodoro (Anth. Graec., i. p. 27) lo describe como un vetusto aedo coronado de laureles. La Suda le asigna extensos poemas perdidos, tales como:
- Κοσμοποιΐα εἰς ἔπη ͵εʹ («La creación del mundo», 5000 líneas)
- Ἀπόλλωνος καὶ Ἀρτέμιδος γοναί, ἔπη ͵γʹ («Los nacimientos de Apolo y Artemisa», 3000 líneas)
- Ἀφροδίτης καὶ Ἔρωτος λόγοι καὶ φωναὶ ἔπη ͵εʹ («Discursos y dichos de Afrodita y Eros», 5000 líneas)
- Ἀθηνᾶς ἔρις καὶ Ποσειδῶνος ἔπη ͵αʹ («Disputa de Atenea y Poseidón», 1000 líneas)
- Λητοῦς πλόκαμος («El mechón de Leto»)
«Paléfato de Paros»
[editar]Nativo de Paros o Priene, documentado durante el reinado de un Artajerjes indeterminado. Suidas le adjudica los cinco volúmenes de Historias increíbles y cinco más sobre la guerra de Troya, si bien señala que muchos atribuían esta autoría al primer Paléfato.
«Paléfato de Abidos»
[editar]Un historiador originario de Abidos que floreció en la era de Alejandro Magno. La Suda afirma que fue el protegido y amante (παιδικά) del filósofo Aristóteles, basándose en los escritos de Filón y de Teodoro de Ilión.[3][4] Se le atribuyen obras históricas como Cypriaca, Deliaca, Attica y Arabica. (Algunos estudiosos creyeron erróneamente que este individuo escribió fragmentos de historia asiria preservados por Eusebio de Cesarea, pero dichos textos pertenecen al autor Abideno, no a un gentilicio).
«Paléfato el Egipcio»
[editar]Descrito como un gramático egipcio o ateniense. Suidas enumera su bibliografía:
- Αἰγυπτιακὴ θεολογία («Teología egipcia»)
- Μυθικῶν βιβλίον αʹ («Sobre los mitos», un libro)
- Λύσεις τῶν μυθικῶς εἰρημένων («Soluciones a problemas con los mitos»)
- Ὑποθέσεις εἰς Σιμωνίδην («Introducciones a Simónides»)
- Τρωϊκά («Sobre Troya»), obra también disputada con los Paléfatos anteriores.
- Una autobiografía.
Un único autor tras estas tradiciones
[editar]La crítica moderna sostiene que el primer Paléfato ateniense es una figura puramente ficticia y legendaria.[1] En cambio, se argumenta con solidez que las otras tres entradas biográficas son confusiones y tradiciones divergentes sobre un mismo autor histórico, un erudito o gramático que compuso Historias increíbles. La extensa obra sobre Troya fue real y se empleó como fuente geográfica en la Antigüedad.[5] Si el rey mencionado es Artajerjes III Oco, la cronología encaja a la perfección con la de un discípulo de Aristóteles hacia el 340 a. C., proveniente de la región del Helesponto, que se estableció en Atenas y al que apodaron «el egipcio» por sus escritos sobre dicho territorio.[6]
La evidencia filológica interna sustenta esta datación: menciona a filósofos presocráticos y pitagóricos de los siglos V y IV a. C.,[nota 3] cita a Hesíodo y retrata el mito de Alcestis con paralelismos innegables a la Alcestis de Eurípides.
Referencias en la literatura antigua
[editar]En una comedia fragmentaria del poeta Atenión,[7] perteneciente probablemente a la Comedia Nueva (siglos III o II a. C.), un personaje adula a un cocinero llamándole «un nuevo Paléfato». El cocinero contesta disertando sobre cómo el inventor de la gastronomía salvó a la humanidad del canibalismo al introducir la carne asada; una parodia directa a las teorías civilizatorias y racionalistas que abundan en el texto conservado de Paléfato.
Posteriormente, el retórico Elio Teón dedica un apartado entero a diseccionar el sistema analítico de Paléfato. Autores tardíos le atribuyen interpretaciones ausentes en los manuscritos que poseemos: un comentarista de Gregorio Nacianceno conocido como Pseudo-Nono[8] indica que Paléfato explicaba el nombre de los cíclopes por residir en una isla circular; por su parte, Eustacio de Tesalónica (siglo XII) le asigna la teoría de que Laomedonte pagó a sus obreros saqueando los templos de Poseidón y Apolo, en lugar de recibir ayuda directa de los dioses para levantar las murallas de Troya.
La divergencia en las fuentes bizantinas y patrísticas (como Eusebio de Cesarea, Jerónimo de Estridón y Paulo Orosio, que citan explícitamente un «primer libro») ha llevado a eruditos como Jacob Stern a postular que la obra abarcaba originalmente cinco volúmenes. Con el tiempo, su uso escolar propició la creación de resúmenes hasta quedar condensado en el epítome que llegó a la Suda, si bien en el siglo XII aún circulaban versiones más extensas.
Transmisión del texto
[editar]La obra de Paléfato ha sobrevivido a través de más de treinta códices manuscritos datados entre los siglos XIII y XVI,[1] los cuales difieren significativamente en el orden y extensión de los capítulos, agrupándose en dos ramas o recensiones principales. Nicola Festa, responsable de la edición crítica de 1902, consideraba que el texto actual es un amalgama de diferentes escritos del mismo género y que la mayoría no pertenece al autor genuino. No obstante, existe consenso en que los apartados finales constituyen una interpolación ajena a la metodología palefatiana original.
Ediciones modernas
[editar]La sencillez de su griego ático propició que Historias increíbles se consolidara como un libro de texto recurrente en las escuelas europeas. Fue impreso por vez primera en Venecia en 1505 por Aldo Manuzio, incluyéndolo en una antología de Esopo.[1] La afinidad del Renacimiento por las exégesis racionalistas impulsó múltiples reediciones, como la de Fasianino en Basilea (1543), la cual incorporó por primera vez una traducción latina.[1] A mediados del siglo XVII se publicaron versiones bilingües grecolatinas, destacando la de Cornelius Tollius (Ámsterdam, 1649), y la primera traducción al alemán vio la luz en esa misma centuria.[9]
Entre las ediciones académicas contemporáneas destacan:
- Ernesti, J. H. M. (1816). Paläphatus, Von unglaublichen Begebenheiten, griechisch: mit erklärendem Wörterbuche nach den Kapiteln des Paläphatus: sowohl zum Schulgebrauche als zum Selbstunterricht. Leipzig.
- Westermann, Anton (1843). Μυθογράφοι: Scriptores Poeticae Historiae Graeci. Braunschweig. pp. 268-312.
- Festa, Nicola (1902). «Palaephati Περὶ ἀπίστων». Mythographi Graeci, vol. 3, fasc. 2 (Leipzig: Bibliotheca Teubneriana). (Edición crítica de referencia basada en la recensión de las familias manuscritas B y S).[1]
- Roquet, E. (1976). Palefat. Històries increïbles. Barcelona: Fundació Bernat Metge. (Traducción al catalán basada en el texto de Festa).[1]
- Stern, Jacob (1996). Palaephatus: On Unbelievable Tales. Wauconda, Ill.: Bolchazy-Carducci. ISBN 0-86516-310-3. (Edición bilingüe en inglés y griego).
- Santoni, A. (2000). Storie incredibili. Pisa: ETS. (Edición bilingüe en italiano y griego).[1]
- Brodersen, Kai (2002). Die Wahrheit über die griechischen Mythen. Palaiphatos "Unglaubliche Geschichten". Griechisch/Deutsch (3.ª edición). Stuttgart. ISBN 978-3-15-019458-4. (Edición bilingüe en alemán y griego).
- Sanz Morales, Manuel (2002). Eratóstenes, Partenio, Antonino Liberal, Paléfato, Heráclito, Anónimo Vaticano. Mitógrafos griegos. Madrid: Akal. pp. 195-201. ISBN 84-460-1738-5. (Traducción al español).[1]
Véase también
[editar]Notas
[editar]- ↑ Se trata de seis líneas de prosa griega; la más larga tiene unas ochenta, y la media es de unas veinte.
- ↑ Stern tiene una lista de ocho menciones, pero la mayoría son insignificantes (que, por ejemplo, Ío era sacerdotisa de Hera).
- ↑ Lamisco aparece en la Carta VII de Platón, que puede no ser genuina; pero probablemente ofrece una imagen precisa del mundo de Platón.
Referencias
[editar]- 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 Torres Guerra, José B. (2016). Mitógrafos griegos. Madrid: Gredos. ISBN 978-8424937485.
- ↑ Stern, Jacob (2003). «Heraclitus the Paradoxographer: Περὶ Ἀπίστων, 'On Unbelievable Tales'». Transactions of the American Philological Association. 133.1: 51-97.
- ↑ «Suda On Line s.v.». Consultado el 27 de agosto de 2025.
- ↑ Westermann, Anton (1845). Biographoi. Brunswick. p. 221.
- ↑ Suda, bajo Μακροκέφαλοι; Esteban de Bizancio, bajo Χαριμάται; Harpocración, bajo Δυσαύλης.
- ↑ Sanz Morales, Manuel María (1999). «Paléfato y la interpretación racionalista del mito: características y antecedentes». Anuario de estudios filológicos (22): 403-424. ISSN 0210-8178. Consultado el 27 de agosto de 2025.
- ↑ Citado en Ateneo, Banquete de los eruditos, «Libro 14, §660e». Consultado el 27 de agosto de 2025..
- ↑ A Christian's guide to Greek culture : the Pseudo-Nonnus commentaries on Sermons 4, 5, 39, and 43 by Gregory of Nazianzus. traducido con una introducción y notas por Jennifer Nimmo-Smith. p. 37.
- ↑ Paleaphati INCREDIBILIA Variis Notis & doctrinis Moralibus recensuit M. Pavlvs Pater Hungarus. Francofurti ex officina Meyeriana. 1685.
Bibliografía
[editar]- Torres Guerra, José B. (2016). Mitógrafos griegos. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos. ISBN 978-8424937485.
- William Smith, ed. (1873). Dictionary of Greek and Roman Antiquities. Londres: John Murray.
- Mitógrafos griegos. Paléfato, Heráclito, Anónimo Vaticano, Eratóstenes y Cornuto. Introducción, traducción y notas: José B. Torres Guerra. Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, n.º 376. 2009. ISBN 978-84-249-3590-0.
- Hawes, G. (2013). Rationalizing myth in antiquity. Oxford: OUP. ISBN 9780199672776.
- Paléfato (2023). Narraciones increíbles. selección, traducción y notas de Gregorio Enrique de Gante Dávila. México: UNAM, CCH (Colección Bilingüe de Autores Grecolatinos, 6).
- Sanz Morales, Manuel (2002). Eratóstenes, Partenio, Antonino Liberal, Paléfato, Heráclito, Anónimo Vaticano. Mitógrafos griegos. Madrid: Akal. pp. 195-201. ISBN 84-460-1738-5.
- Stern, Jacob (1996). Palaephatus: On Unbelievable Tales. Wauconda, Ill.: Bolchazy-Carducci. ISBN 0-86516-310-3.
Enlaces externos
[editar]
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Paléfato.- Paléfato en la Bibliotheca Augustana (texto original en griego).
- Traducción al francés por Ugo Bratelli.
- Traducción al francés de Félix Van Hulst, de la Universidad de Lieja, 1838.
- Texto, con anotaciones, en DjVu; en Commons.
- Texto en francés en Wikisource.
- Paléfato en el sitio del Proyecto Perseus.